La devastación en la ciudad humana
fortificada de Marewell había sobrecogido los corazones de quienes vivían del
comercio o tenían familiares allí. Los orcos, unidos con los trasgos y los
brujos humanos atacaron una noche la ciudad y, en menos de unas pocas horas, la
conquistaron.
Un orco cruza las solitarias calles, acaba
de dejar su huargo en las antiguas caballerizas en ruinas, con los otros. Entra
en una taberna, un viejo trasgo está atendiendo la barra mientras un kobold
permanece tumbado, sin duda borracho. El orco lanza una moneda de oro que el trasgo
coge al vuelo y le sirve un plato lleno de comida y una jarra llena de una
bebida fuerte.
-No esperaba verte ésta tarde por aquí, Olfim
Mogdum ¿Qué tal la invasión al
sur del territorio de los Norteños?- Preguntó el trasgo interesado.
-Nada bien, viejo Chalur, volvieron a
aparecer los Hijos de la Luna.- El orco mira al trasgo con el ojo sano, en el
otro le recorre una cicatriz que le dejó sin ese ojo. -Últimamente pasean mucho
durante el día, no esperan que anochezca. Los Norteños les dejan hacer lo que
quieren ya que nos echan de allí fácilmente.-
-Qué mal me parece.- Mira al kobold que está
tumbado. -Ese de ahí cometió un grave error, se le ocurrió frotarse carne
fresca por el cuerpo y correr delante de los huargos de los soldados
simplemente para divertirse, casi lo matan.-
Olfim mira a ambos mientras coge su jarra y
bebe de ella. Cuando termina de comer y beber, agarra al kobold por el cuello y
se lo lleva. Camina frente a la caballeriza, echa un poco de sangre sobre el
ser inconsciente y lo lanza dentro. Los sonidos de las dentelladas y los
desgarros llenan el aire mientras anochece.
-Ese estúpido kobold.- Piensa Olfim. -De no
ser por él podríamos haber tenido a los huargos tranquilos y podríamos haber
acabado la ronda antes de que llegasen aquellos seres. Por su culpa se nos
escapó esa elfa, pero ¿De qué me suena esa mujer?- El orco avanza mientras
sigue cavilando en busca de la respuesta y llega por fin al barracón donde
duermen todos los jinetes de huargos. Mañana le espera un día ajetreado si
espera poder terminar antes de la noche.
-Olfim Mogdum.- Suena una voz detrás de él.
-El jefe de guerra quiere verte instantáneamente en la fortaleza principal.- Un
anciano brujo humano, uno de los que ayudó a conquistar Marewell, se acerca al
orco con un semblante amenazador. -Creo que no hace falta decirte lo que pasará
si llegas tarde otra vez.- Sigue su camino riendo.
El orco le ve irse mientras piensa en todo
lo que le hará cuando el jefe de guerra considere a ese humano algo inútil para
sus planes. Camina hacia el antiguo ayuntamiento humano mientras no deja de
pensar en acostarse, patrullar durante el día es agotador, sobre todo para un
orco. Las puertas se abren cuando llega y, al llegar al centro del edificio, se
arrodilla frente al jefe de guerra, una mezcla de orco y troll de las nieves.
El jefe de guerra se levanta, elevándose por encima de todos sus seguidores
mientras camina encorvado hacia Olfim.
-Veinticinco años, han pasado veinticinco
años y sigo sin ver resultados.- La voz ronca del trolrco invade la sala. -¿Ya
has encontrado la princesa elfa o tu grupo sigue siendo inútil?- Golpea a un
trasgo joven y lo empotra contra la pared más lejana. -¡Sal ahí fuera y no
vuelvas sin ella o su cabeza! Es tu última oportunidad, inútil.- Lo echa del
edificio y le cierra la puerta en las narices.
Olfim camina de nuevo al barracón y
despierta de un grito a los que duermen. Cuando todos se levantan, les explica
la situación y les mete prisa para salir cuanto antes. Cuando la luna se asoma
por el horizonte, los jinetes de huargos cruzan los campos a gran velocidad y
vuelven a entrar en el bosque.
-Recordad, debéis encontrar a la princesa
elfa antes de que se case o la maga del bosque azul nos destruirá a todos.-
Hace indicaciones con las manos y se interna en lo más profundo del bosque una
vez más, debía encontrar a esa niña antes de que empiece el equinoccio de
verano, dentro de medio año.
Un aullido de dolor suena a su derecha, en
medio de la oscuridad, y otro le sigue al poco rato. Su grupo está cayendo a
gran velocidad, sin duda por culpa de los Hijos de la Luna. Olfim decide seguir
avanzando, debía encontrarla, no había otra forma de poder seguir en paz
consigo mismo y de descansar en un sitio protegido. Debía encontrarla para
sobrevivir, tanto él como su raza entera. Su último pensamiento fue hacia ese
estúpido kobold loco que acaba de morir antes de que la oscuridad se lo
tragara, abandonando a su suerte a sus hombres.