lunes, 16 de diciembre de 2013

Capítulo 2: El kobold loco



   La devastación en la ciudad humana fortificada de Marewell había sobrecogido los corazones de quienes vivían del comercio o tenían familiares allí. Los orcos, unidos con los trasgos y los brujos humanos atacaron una noche la ciudad y, en menos de unas pocas horas, la conquistaron.
   Un orco cruza las solitarias calles, acaba de dejar su huargo en las antiguas caballerizas en ruinas, con los otros. Entra en una taberna, un viejo trasgo está atendiendo la barra mientras un kobold permanece tumbado, sin duda borracho. El orco lanza una moneda de oro que el trasgo coge al vuelo y le sirve un plato lleno de comida y una jarra llena de una bebida fuerte.
   -No esperaba verte ésta tarde por aquí, Olfim Mogdum ¿Qué tal la invasión al sur del territorio de los Norteños?- Preguntó el trasgo interesado.
   -Nada bien, viejo Chalur, volvieron a aparecer los Hijos de la Luna.- El orco mira al trasgo con el ojo sano, en el otro le recorre una cicatriz que le dejó sin ese ojo. -Últimamente pasean mucho durante el día, no esperan que anochezca. Los Norteños les dejan hacer lo que quieren ya que nos echan de allí fácilmente.-
   -Qué mal me parece.- Mira al kobold que está tumbado. -Ese de ahí cometió un grave error, se le ocurrió frotarse carne fresca por el cuerpo y correr delante de los huargos de los soldados simplemente para divertirse, casi lo matan.-
   Olfim mira a ambos mientras coge su jarra y bebe de ella. Cuando termina de comer y beber, agarra al kobold por el cuello y se lo lleva. Camina frente a la caballeriza, echa un poco de sangre sobre el ser inconsciente y lo lanza dentro. Los sonidos de las dentelladas y los desgarros llenan el aire mientras anochece.
   -Ese estúpido kobold.- Piensa Olfim. -De no ser por él podríamos haber tenido a los huargos tranquilos y podríamos haber acabado la ronda antes de que llegasen aquellos seres. Por su culpa se nos escapó esa elfa, pero ¿De qué me suena esa mujer?- El orco avanza mientras sigue cavilando en busca de la respuesta y llega por fin al barracón donde duermen todos los jinetes de huargos. Mañana le espera un día ajetreado si espera poder terminar antes de la noche.
   -Olfim Mogdum.- Suena una voz detrás de él. -El jefe de guerra quiere verte instantáneamente en la fortaleza principal.- Un anciano brujo humano, uno de los que ayudó a conquistar Marewell, se acerca al orco con un semblante amenazador. -Creo que no hace falta decirte lo que pasará si llegas tarde otra vez.- Sigue su camino riendo.
   El orco le ve irse mientras piensa en todo lo que le hará cuando el jefe de guerra considere a ese humano algo inútil para sus planes. Camina hacia el antiguo ayuntamiento humano mientras no deja de pensar en acostarse, patrullar durante el día es agotador, sobre todo para un orco. Las puertas se abren cuando llega y, al llegar al centro del edificio, se arrodilla frente al jefe de guerra, una mezcla de orco y troll de las nieves. El jefe de guerra se levanta, elevándose por encima de todos sus seguidores mientras camina encorvado hacia Olfim.
   -Veinticinco años, han pasado veinticinco años y sigo sin ver resultados.- La voz ronca del trolrco invade la sala. -¿Ya has encontrado la princesa elfa o tu grupo sigue siendo inútil?- Golpea a un trasgo joven y lo empotra contra la pared más lejana. -¡Sal ahí fuera y no vuelvas sin ella o su cabeza! Es tu última oportunidad, inútil.- Lo echa del edificio y le cierra la puerta en las narices.
   Olfim camina de nuevo al barracón y despierta de un grito a los que duermen. Cuando todos se levantan, les explica la situación y les mete prisa para salir cuanto antes. Cuando la luna se asoma por el horizonte, los jinetes de huargos cruzan los campos a gran velocidad y vuelven a entrar en el bosque.
   -Recordad, debéis encontrar a la princesa elfa antes de que se case o la maga del bosque azul nos destruirá a todos.- Hace indicaciones con las manos y se interna en lo más profundo del bosque una vez más, debía encontrar a esa niña antes de que empiece el equinoccio de verano, dentro de medio año.
   Un aullido de dolor suena a su derecha, en medio de la oscuridad, y otro le sigue al poco rato. Su grupo está cayendo a gran velocidad, sin duda por culpa de los Hijos de la Luna. Olfim decide seguir avanzando, debía encontrarla, no había otra forma de poder seguir en paz consigo mismo y de descansar en un sitio protegido. Debía encontrarla para sobrevivir, tanto él como su raza entera. Su último pensamiento fue hacia ese estúpido kobold loco que acaba de morir antes de que la oscuridad se lo tragara, abandonando a su suerte a sus hombres.

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