Videojuego creado a partir de las novelas de Sangre de Dragón, el autor ha generado un mundo enorme y variopinto, que sufre por el caos que alguien ha liberado. El protagonista, Angel Blackwolf, es enviado a ese mundo a través de un espejo, que en realidad es un portal muy poderoso, para recuperar unos antiguos artefactos para poder sanarlo y, así, volver a casa.
Por el camino hay diversos secretos y muchos personajes que se unirán al prota en su búsqueda, algunos con la misma intención que él, otros con motivos más "espirituales".
El gran acierto del autor ha sido meter pequeñas historias que explican el pasado de muchos personajes y algunos secretos secundarios para quien desee mejorar su experiencia durante el juego. Dichos secretos están muy bien escondidos, siendo muy difícil encontrarlos si no se está atento al más mínimo detalle.
El motor gráfico está presentable, a diferencia de muchos juegos flash, y tienen un guión abierto y sólido, lo que da lugar a varias horas de diversión desenfrenada.
Cabe esperar que el autor siga mejorando y pueda hacer más. Lo único que se echa de menos sería una especie de guía para entender varias misiones y encontrar los secretos antes de terminar el juego, aparte de un glosario de todos los objetivos actuales (Principales y secundarios) y así tener mayor facilidad para todo.
En definitiva, un juego de sobresaliente que gustará a muchos, incluso a los novatos del género RPG..
sábado, 27 de diciembre de 2014
jueves, 13 de noviembre de 2014
Reseña: La Caída del Submundo I: La Sombra de Eirok
La gran reina vampira, en su búsqueda del poder del inframundo, ha creado un poderoso ejército para doblegar a toda criatura viviente, parece que sólo el lobo conocido como Eirok podría derrotarla, pero deberá esperar su momento, si es que llega algún día y sobrevive para contarlo.
Buenos días, tardes, noches. Es cierto que éste blog está algo abandonado, pero hoy os traigo una nueva reseña, ésta vez del primer libro de Sandro Doreste Bermúdez: La Sombra de Eirok.
De la obra hay que destacar su pasividad a la hora de contarte la historia, es decir, no te lo suelta todo de golpe, te la deja caer suavemente para poder entender de qué trata. Otra cualidad es su originalidad, pues cuando muchas grandes obras se decantan por poner a los Licántropos (Hombres Lobo) como seres diabólicos sin sentimientos y a los vampiros como criaturas casi divinas, aquí se los retrata como seres sintientes, que sufren, ríen, lloran y otras boberías que suelen hacer los humanos más sensibles.
La historia en sí es impredecible, nunca sabes por dónde te va a salir, y si intentas deducirlo, sin duda te dejará con un palmo de narices (Risas).
Pese a que tiene unos pequeños problemillas (Nada importante, muchas grandes obras como Harry Potter o El Señor de los Anillos tienen errores parecidos), no interrumpe para nada la narración y no le quita el disfrute de leerlo. Para todo aquel que quiera sumergirse en el mundo de las tinieblas, ya tarda en hacerse con el libro.
martes, 5 de agosto de 2014
Capítulo 7: Rencor y dolor
Valadhiel está en el tejado del gremio, en su sitio favorito mientras mira a las estrellas pensando en todo lo que le ha sucedido. Está tranquila hasta que siente peligro, abre de golpe los ojos, que se le vuelven rojos y dirige su cabeza hacia el centro de la amenaza. Ve cómo entran a un orco malherido, un orco tuerto con barba.
El rostro de la joven elfa se crispa al verlo. Se levanta y salta al tejado de enfrente, para bajar de un salto en frente de los sanadores que atienden al orco. Saca una daga dispuesta a clavarla en el pecho del infame ser cuando la sacerdotiza que conoció en su primer día, la de la voz celestial, le detiene la mano y la aleja del herido.
Los sanadores entran al inconsciente orco a la enfermería y, de la misma, sale el líder del gremio muy apurado. Ve a Valadhiel y, con un gesto de cabeza, le indica que le siga. La joven elfa mira con desprecio hacia el edificio donde está el orco y sigue al líder a regañadientes.
En la habitación central, el líder se gira hacia Valadhiel y la mira, decepcionado:
-No me esperaba eso de tí, jovencita, esperaba que tu sangre se mantuviera fría en todo momento, como fuiste entrenada.-
-Con todo el respeto, maestro, pero ese asqueroso ser estuvo el día que fui atacada y mis padres murieron.- Lo desafía con la mirada. -Él nos estuvo persiguiendo todo el rato.-
El líder la mira sin sorprenderse, ni siquiera se inmutaba. Con un gesto de la mano le dice que se vaya mientras se sienta, parecía que había envejecido de golpe. Posa su mirada en la joven elfa mientras se va, antes de cerrarlos. Tenía mucho en qué pensar. Sabía que no iba a ser fácil controlar que Valadhiel no matase al orco, pero le veía mucho potencial y poca maldad. Y él no solía equivocarse, casi nunca.
El rostro de la joven elfa se crispa al verlo. Se levanta y salta al tejado de enfrente, para bajar de un salto en frente de los sanadores que atienden al orco. Saca una daga dispuesta a clavarla en el pecho del infame ser cuando la sacerdotiza que conoció en su primer día, la de la voz celestial, le detiene la mano y la aleja del herido.
Los sanadores entran al inconsciente orco a la enfermería y, de la misma, sale el líder del gremio muy apurado. Ve a Valadhiel y, con un gesto de cabeza, le indica que le siga. La joven elfa mira con desprecio hacia el edificio donde está el orco y sigue al líder a regañadientes.
En la habitación central, el líder se gira hacia Valadhiel y la mira, decepcionado:
-No me esperaba eso de tí, jovencita, esperaba que tu sangre se mantuviera fría en todo momento, como fuiste entrenada.-
-Con todo el respeto, maestro, pero ese asqueroso ser estuvo el día que fui atacada y mis padres murieron.- Lo desafía con la mirada. -Él nos estuvo persiguiendo todo el rato.-
El líder la mira sin sorprenderse, ni siquiera se inmutaba. Con un gesto de la mano le dice que se vaya mientras se sienta, parecía que había envejecido de golpe. Posa su mirada en la joven elfa mientras se va, antes de cerrarlos. Tenía mucho en qué pensar. Sabía que no iba a ser fácil controlar que Valadhiel no matase al orco, pero le veía mucho potencial y poca maldad. Y él no solía equivocarse, casi nunca.
viernes, 27 de junio de 2014
Reseña: Dominadores de Almas II: Vein Breaker
Durante el tiempo que los Ades (Ángeles Desvanecedores) descubrieron la traición de uno de los suyos y se aseguraron de la discreción de los SSIS, a sido un tiempo de paz y tranquilidad. La llegada de un grupo conocido con Vein Breaker pone la vida de todos patas arriba. Coincidiendo con el retorno de un antiguo enemigo, la sospechas amenazan con romper tan singular familia cuando uno de los más importantes caen presa del ataque de un nuevo enemigo misterioso. Ades y Vein Breaker deberán unirse para poder sobrevivir un día más.
La autora Mélani Garzón Sousa nos sorprende una vez más con su estupenda forma de contar la historia y su capacidad de desviar o captar la atención como le interese para que el lector disfrute lo máximo la lectura. Sin duda es una obra maestra, en espera de que saque el último libro de la saga, que indudablemente será igual o mejor que éste y el anterior.
Desde aquí le deseo suerte en su próximo Crowfunding o cualquier otro medio de venta futuro y que todos sus libros se vendan igual de bien.
La autora Mélani Garzón Sousa nos sorprende una vez más con su estupenda forma de contar la historia y su capacidad de desviar o captar la atención como le interese para que el lector disfrute lo máximo la lectura. Sin duda es una obra maestra, en espera de que saque el último libro de la saga, que indudablemente será igual o mejor que éste y el anterior.
Desde aquí le deseo suerte en su próximo Crowfunding o cualquier otro medio de venta futuro y que todos sus libros se vendan igual de bien.
martes, 3 de junio de 2014
Capítulo 6: Fuego
Todo a su alrededor estaba guardando un gran silencio sepulcral, el bosque estaba quieto, no había ni la más leve brisa. Los orcos se habían escondido a las afueras de la ciudad portuaria a la espera de que saliera el príncipe elfo con su séquito y, con algo de suerte, con la princesa a su lado. Todos esos años entrenando en las oscuras cavernas de los Trolls, han permitido a Olfim ser un experto en las emboscadas y las trampas.
El príncipe iba en un caballo blanco, de porte elegante y crin sedosa. Su grupo no tenía montura, pero iban bien armados y, si lo que decían era cierto, lo mejor sería no dejarles reaccionar. El brujo de los orcos tenía un hechizo ígneo preparado para prender las flechas y cortar la retirada de los elfos. Olfim esperó, cerca había un claro donde podrían atacarlos, los árboles alrededor crecían muy pegados, mermando la velocidad de los que estuvieran por la zona.
Los elfos entraron en el claro, iban muy confiados, seguían ciegamente a su líder. Los orcos los seguían, ocultos entre la maleza, procurando hacer el menor ruido posible y también tratando de no perderlos de vista.
Cuando llegaron al centro del mismo claro, los árboles que lo rodeaban estallaron en llamas. La sorpresa que embargó a los elfos fue suficiente para que los orcos tensaran sus arcos y los acribillaran a flechas. Cuando los elfos reaccionaron, más de la mitad había caído ante la lluvia de proyectiles, la mayoría en llamas. El pequeño grupo consigue reagruparse, aunque están con sus largas espadas desenvainadas, los orcos los superan en gran cantidad.
El gran caballo blanco empieza a encabritarse, el príncipe elfo repasa sus opciones. Puede huir y abandonar a los suyos, o quedarse y luchar, pereciendo si comete el mínimo error. Una flecha desviada lo obliga a decidir y opta por la huída, los otros elfos eran prescindibles y le permitirían salir con vida de allí. El majestuoso corcel blanco atraviesa las llamas, pasando entre dos árboles gemelos y galopando a toda la velocidad que le permite la vegetación para huir del claro.
Olfim ve cómo el noble huye de la refriega, monta en su huargo y lo persigue por todo el bosque. Lleva años estudiando la zona, elaborando complicadas estrategias, y no iba a dejar que el principito se le escapara. La persecución se recrudece cuando el caballo del príncipe tropieza y provoca que el huargo de Olfim tropiece también. Ambos jinetes caen al suelo embarrado.
Olfim y el elfo se levantan, desenvainan sus espadas y empiezan su duelo de espadas. La fuerza del semi-orco parece superior, pero la agilidad del elfo niega los golpes de su contrincante. La lucha se alarga varios minutos, hasta que se oye un aullido que hiela la sangre de ambos.
El príncipe elfo coge barro y se lo lanza a Olfim en los ojos, aprovechando para huir. Cuando Olfim se quita el barro de la cara, ve como varios ojos dorados lo observan y se le echan encima.
Aquella noche, en las tabernas, se contaban historias de miedo y de cómo el príncipe elfo del norte parecía ser el único superviviente.
El príncipe iba en un caballo blanco, de porte elegante y crin sedosa. Su grupo no tenía montura, pero iban bien armados y, si lo que decían era cierto, lo mejor sería no dejarles reaccionar. El brujo de los orcos tenía un hechizo ígneo preparado para prender las flechas y cortar la retirada de los elfos. Olfim esperó, cerca había un claro donde podrían atacarlos, los árboles alrededor crecían muy pegados, mermando la velocidad de los que estuvieran por la zona.
Los elfos entraron en el claro, iban muy confiados, seguían ciegamente a su líder. Los orcos los seguían, ocultos entre la maleza, procurando hacer el menor ruido posible y también tratando de no perderlos de vista.
Cuando llegaron al centro del mismo claro, los árboles que lo rodeaban estallaron en llamas. La sorpresa que embargó a los elfos fue suficiente para que los orcos tensaran sus arcos y los acribillaran a flechas. Cuando los elfos reaccionaron, más de la mitad había caído ante la lluvia de proyectiles, la mayoría en llamas. El pequeño grupo consigue reagruparse, aunque están con sus largas espadas desenvainadas, los orcos los superan en gran cantidad.
El gran caballo blanco empieza a encabritarse, el príncipe elfo repasa sus opciones. Puede huir y abandonar a los suyos, o quedarse y luchar, pereciendo si comete el mínimo error. Una flecha desviada lo obliga a decidir y opta por la huída, los otros elfos eran prescindibles y le permitirían salir con vida de allí. El majestuoso corcel blanco atraviesa las llamas, pasando entre dos árboles gemelos y galopando a toda la velocidad que le permite la vegetación para huir del claro.
Olfim ve cómo el noble huye de la refriega, monta en su huargo y lo persigue por todo el bosque. Lleva años estudiando la zona, elaborando complicadas estrategias, y no iba a dejar que el principito se le escapara. La persecución se recrudece cuando el caballo del príncipe tropieza y provoca que el huargo de Olfim tropiece también. Ambos jinetes caen al suelo embarrado.
Olfim y el elfo se levantan, desenvainan sus espadas y empiezan su duelo de espadas. La fuerza del semi-orco parece superior, pero la agilidad del elfo niega los golpes de su contrincante. La lucha se alarga varios minutos, hasta que se oye un aullido que hiela la sangre de ambos.
El príncipe elfo coge barro y se lo lanza a Olfim en los ojos, aprovechando para huir. Cuando Olfim se quita el barro de la cara, ve como varios ojos dorados lo observan y se le echan encima.
Aquella noche, en las tabernas, se contaban historias de miedo y de cómo el príncipe elfo del norte parecía ser el único superviviente.
domingo, 27 de abril de 2014
Capítulo 5: No estás preparada
Han
pasado varios días desde que Valadhiel entró en el Gremio de las Sombras, su
técnica con el arco y las armas de filo han mejorado considerablemente y ha
dejado atrás a alumnos que llevan años practicando. Hace poco que la han
mandado a Anuer’eden a buscar suministros para el gremio junto a dos
sacerdotisas y unos cuantos portadores.
La ciudad
portuaria de Anuer’eden está muy al sur y un poco al oeste del bosque Mladir, a
orillas de un gran lago, cuyo río central da directamente al mar. La ciudad es
muy conocida por sus adelantos en medicinas y por su pescado, siempre fresco y
saludable. Enanos y Gnomos dominan el comercio y los guardias humanos vigilan
que nadie provoque disturbios.
Mientras
Valadhiel camina viendo las maravillas de la ciudad, oye una conversación sobre
orcos y un príncipe elfo, pero apenas le presta atención. Su grupo llega al
mercado, que está empezando a abrir sus puestos de venta, pero se detienen
cuando ven que una muchedumbre no les deja pasar. Un grupo está pasando por la
calle principal del mercado, cuando Valadhiel se asoma ve que son elfos, muchos
de ellos malheridos; el único que no tiene rasguño alguno es un elfo rubio con
los ojos de diferente color.
-Es
atractivo, muy atractivo.- Piensa Valadhiel, pero cuando mira hacia el público,
lo ve receloso, casi temeroso, de los recién llegados. -¿Por qué temerán a
éstos elfos? No parecen diferentes a los otros.- Una mano se le posa en el
hombro y, cuando mira quién es, se encuentra a una de las sacerdotisas que la
acompañaba.
-No son
como los otros elfos, si es lo que piensas.- Susurra apurada la chica. -Son
elfos Norteños, son antropófagos y muy violentos cuando se enfadan.- Se tapa la
boca con miedo por si la han escuchado antes de perderse entre la multitud.
Una
humana anciana mira a Valadhiel y le sonríe, le indica con la mano que la siga.
Llegan a una casa antigua, cuyas cortinas están agujereadas, seguramente por
polillas y el paso del tiempo. La anciana se para en la puerta, se da la vuelta
para mirar a Valadhiel y sonríe antes de hablar.
-Si no me
equivoco eres del Gremio de la Sombra, pero ¿Qué clase de elfa sois, bella
dama? No parecéis Norteña, pero nunca se sabe. Vuestros ojos y vuestra constitución
me dicen que sois del Este, pero vuestra piel oscurecida y el pelo plateado me
dice que sois Sureña.-
-Veo que
conocéis bien los tipos de elfos ¿Me podéis decir todo lo que sepa de ellos?-
Mira fijamente a la anciana.
La humana
la mira un momento, que parece eterno, antes de exclamar.
-Si no
sabéis nada de los elfos siendo vos uno de ellos, entonces no estáis preparada
para lo que se os viene encima.- La anciana le da la espalda y se mete en la
casa. -Si queréis saber más, preguntadle a vuestro líder, y decidle lo
siguiente: “La realeza debe despertar para decidir el destino, antes de que el
mal corrompa a los puros y acabe con los protectores”.- La anciana cierra la
puerta.
Valadhiel
se queda mirando la puerta con cara de pena, no ha podido sacar nada en claro
de la situación, y no le encuentra sentido que esa anciana le hablase de esa
forma. Decide volver al mercado, pero por el camino se cruza con que alguien la
empuja y la tira al suelo. Cuando mira a su atacante se encuentra un humano que
la mira con odio empuñando una ballesta y apuntándola. Los ojos de Valadhiel se
vuelven rojos cuando esquiva el virote y se lanza sobre su atacante,
desarmándolo y aturdiéndolo de un golpe certero en la nuca. Observa un papel
que sale de uno de los pliegues de la ropa, una orden de asesinato contra
cualquier elfo solitario en la ciudad, con el sello real.
Valadhiel
decide largarse de la zona antes de que le echen la culpa de algo, pero se
encuentra con que el príncipe elfo la mira curioso y con orgullo. Se baja de su
caballo y le coje la mano para besársela.
-Veo que
has conseguido sobrevivir a la basura humanoide. ¿Qué te parece si te unes a mi
séquito? Siempre vienen bien sirvientas puras.-
Valadhiel
le mira con estupefacción, sin creerse lo que le dice el noble elfo. -Eh, no,
gracias. Le debo mucho al gremio por el momento, no me parece bien irme sin
más, por muy generosa que fuera su oferta.- Se inclina.
-Es una
pena, seríais bien recibida en mi palacio. Pensadlo durante un tiempo, pero no
me hagais esperar mucho, dulce dama.- El joven y pálido elfo se aleja
sonriendo, dejando a Valadhiel con cara de asco.
La joven
elfa consigue alejarse de la zona y se reune de nuevo con su grupo, los cuales
apenas han hecho nada del encargo, se pasaron la mañana en la taberna jugando y
bebiendo. Es mediodía cuando Valadhiel sale del mercado con la última bolsa de
la compra, no sin haberlo pasado mal discutiendo los precios elevados sólo por
no ser humana.
Ya en la
base, la menor de las sacerdotisas ha vuelto para avisar de que los nobles de
las ciudades colindantes dan una cena de gala y el gremio es parte del grupo de
protección.
Valadhiel
se presenta ante el líder y le cuenta todo lo que el príncipe elfo y la anciana
humana le dijeron. Éste se llevó una mano a la frente y parecía que había
envejecido varios años de golpe. Mira hacia Valadhiel y la manda a su
habitación. Todo iba demasiado rápido y parecía que iba a empeorar.
domingo, 26 de enero de 2014
Capítulo 4: Huargos salvajes
Olfim está agotado, hace horas que amaneció, lleva toda la noche en vela buscando un rastro reciente de la princesa elfa, en vano. Por suerte, ha conseguido capturar un venado joven y puede comer tranquilamente. Se dedica a devorarlo mientras su huargo zarandea a un trasgo que le intentó robar. Cuando va por la mitad, de lo más profundo del bosque aparece un huargo, no como el suyo, si no mucho más grande, casi del tamaño de un oso adulto, de un color ceniza muy apagado, que se acerca con pinta de tener la rabia y hambre.
Olfim agarra lentamente su hacha mientras a su huargo se le erizan los pelos de la espalda, dispuesto a lanzarse contra la mole. El huargo salvaje mira alternativamente del orco al otro huargo y luego al cadáver del venado, varias veces. De un rápido movimiento se lanza sobre Olfim para quitarle la presa, pero el otro huargo le intercepta y el orco le golpea con el hacha, hundiéndosela en el pecho. Aullando de dolor, el huargo gris se aleja pocos pasos de ellos antes de volver a cargar, ésta vez con una salvaje determinación en sus ojos llameantes.
El huargo salvaje termina muerto en el suelo después de varias horas batallando, por suerte sólo mordió al trasgo, que grita de dolor mientras se agarra su pequeño brazo. El pequeño huargo del orco se tumba a la sombra de un roble mientras se come lo que queda de ciervo. El trasgo, con lágrimas en los ojos, intenta irse arrastrándose para hacer el menor ruido posible, pero Olfim le lanza una piedra que, al impactar en su cabeza, lo deja tumbado en el suelo.
Las aves se alejan del bosque, el invierno se aproxima a pasos agigantados y consume la energía de todos a su alrededor. Algún animalillo despistado se acerca al arroyo donde está Olfim, pero apenas hay movimiento en el bosque. Al atardecer algo cambia en la tierra; Olfim, al tener sangre de enano, nota los cambios en el terreno mejor que cualquier otro orco, y lo que siente no le gusta nada. Consigue esconderse junto con su huargo en una pequeña caverna justo cuando llega un troll de las cavernas, ya habiendo anochecido. El troll se acerca al trasgo inconsciente y lo recoge del suelo, atándolo a un tronco casi arrancado. Olfim echa mano a su hacha por si el troll lo descubre, pero por lo pronto no parece que le preste atención, se está dedicando a comerse al trasgo.
El troll se aleja poco antes de amanecer, Olfim apenas ha pegado ojo en toda la noche, por lo que aprovecha para descansar un rato. Su huargo lleva un rato durmiendo, por lo que él cierra un poco los ojos. La mañana pasa rápidamente y, a mediodía, Olfim se despierta por fin. Su huargo hacía mucho ruido y ahora ve por qué. Está amarrado con cadenas al suelo mientras una espada larga está con el filo en su cuello. Olfim gira la cabeza y ve otra apuntándole a él a la altura del corazón, en la mano de un elfo rubio con heterocromía ocular, un ojo azul y el otro verde. Su porte indica que es de la realeza y su capa, de aspecto pesado, indica que es del norte.
-Vaya, vaya.- Dice el elfo con burla. -¿Qué tenemos aquí? Un orco mezclado con enano, menudo desperdicio.- Escupe al suelo. -Qué asco dais, que incluso os reproducís con bichos peludos.-
-¿Al delicado afeminado le doy asco? No me toques, no vayas a ensuciarte las uñas, o a romperte una.- Riéndose a carcajadas ve como unas siluetas se acercan al grupo. -Ni siquiera puedes proteger a tu grupo y los llevas a la muerte.- Seriamente le mira a los ojos, desafiante.
Un gruñido suena entre los árboles, cuando el príncipe elfo y su grupo se dan la vuelta, aparece una manada de huargos, todos con pinta de ser salvajes y de tener hambre. Pillan a los elfos desprevenidos, saltan sobre ellos y los atacan, dándole tiempo a Olfim tiempo para liberar a su huargo y alcanzar su arma. Se monta sobre su huargo y se lanza contra los elfos y los huargos salvajes. Una de las flechas élficas impacta contra su hombro derecho y lo tira del huargo, pero ninguno de los elfos se da cuenta de ello.
Un huargo se echa sobre Olfim, pero consigue desviarlo con un golpe usando el canto del hacha. No se congratula de ello durante mucho tiempo, y menos cuando ve que el príncipe elfo está eliminando los huargos sin problema, sólo usando su espada larga. Olfim consigue alcanzar a montarse sobre uno de los huargos salvajes cuando se da cuenta que el suyo ha caído y, golpeando con los talones, obliga a su nueva montura a avanzar para alejarse de lo profundo del bosque y llegar al borde exterior. Cuando llega a la linde del bosque, se arranca la flecha del hombro y se pone en camino hacia el campamento orco más cercano. El nuevo huargo se resiste al principio de avanzar y alejarse del bosque, pero el hacha tan cerca de su cabeza le hace cambiar de opinión.
El campamento al que llegan está siendo montado todavía, sólo está en pie la casa del líder y la granja de cerdos. Olfim deja al huargo en una cerca y le da instrucciones al que la vigila para que domestique lo mejor posible su nueva montura. Se acuesta bajo una lona, donde se ponen los trabajadores y se pone a pensar mientras se queda dormido.
-Si el príncipe está explorando en el bosque es que también busca a la princesa, es un buen comienzo, debe de estar cerca y la ha sentido. Mañana volveré a buscar, pero mejor.-
Se duerme con una sonrisa en su barbuda cara, el destino estaba siendo amable con él, sin duda.
Olfim agarra lentamente su hacha mientras a su huargo se le erizan los pelos de la espalda, dispuesto a lanzarse contra la mole. El huargo salvaje mira alternativamente del orco al otro huargo y luego al cadáver del venado, varias veces. De un rápido movimiento se lanza sobre Olfim para quitarle la presa, pero el otro huargo le intercepta y el orco le golpea con el hacha, hundiéndosela en el pecho. Aullando de dolor, el huargo gris se aleja pocos pasos de ellos antes de volver a cargar, ésta vez con una salvaje determinación en sus ojos llameantes.
El huargo salvaje termina muerto en el suelo después de varias horas batallando, por suerte sólo mordió al trasgo, que grita de dolor mientras se agarra su pequeño brazo. El pequeño huargo del orco se tumba a la sombra de un roble mientras se come lo que queda de ciervo. El trasgo, con lágrimas en los ojos, intenta irse arrastrándose para hacer el menor ruido posible, pero Olfim le lanza una piedra que, al impactar en su cabeza, lo deja tumbado en el suelo.
Las aves se alejan del bosque, el invierno se aproxima a pasos agigantados y consume la energía de todos a su alrededor. Algún animalillo despistado se acerca al arroyo donde está Olfim, pero apenas hay movimiento en el bosque. Al atardecer algo cambia en la tierra; Olfim, al tener sangre de enano, nota los cambios en el terreno mejor que cualquier otro orco, y lo que siente no le gusta nada. Consigue esconderse junto con su huargo en una pequeña caverna justo cuando llega un troll de las cavernas, ya habiendo anochecido. El troll se acerca al trasgo inconsciente y lo recoge del suelo, atándolo a un tronco casi arrancado. Olfim echa mano a su hacha por si el troll lo descubre, pero por lo pronto no parece que le preste atención, se está dedicando a comerse al trasgo.
El troll se aleja poco antes de amanecer, Olfim apenas ha pegado ojo en toda la noche, por lo que aprovecha para descansar un rato. Su huargo lleva un rato durmiendo, por lo que él cierra un poco los ojos. La mañana pasa rápidamente y, a mediodía, Olfim se despierta por fin. Su huargo hacía mucho ruido y ahora ve por qué. Está amarrado con cadenas al suelo mientras una espada larga está con el filo en su cuello. Olfim gira la cabeza y ve otra apuntándole a él a la altura del corazón, en la mano de un elfo rubio con heterocromía ocular, un ojo azul y el otro verde. Su porte indica que es de la realeza y su capa, de aspecto pesado, indica que es del norte.
-Vaya, vaya.- Dice el elfo con burla. -¿Qué tenemos aquí? Un orco mezclado con enano, menudo desperdicio.- Escupe al suelo. -Qué asco dais, que incluso os reproducís con bichos peludos.-
-¿Al delicado afeminado le doy asco? No me toques, no vayas a ensuciarte las uñas, o a romperte una.- Riéndose a carcajadas ve como unas siluetas se acercan al grupo. -Ni siquiera puedes proteger a tu grupo y los llevas a la muerte.- Seriamente le mira a los ojos, desafiante.
Un gruñido suena entre los árboles, cuando el príncipe elfo y su grupo se dan la vuelta, aparece una manada de huargos, todos con pinta de ser salvajes y de tener hambre. Pillan a los elfos desprevenidos, saltan sobre ellos y los atacan, dándole tiempo a Olfim tiempo para liberar a su huargo y alcanzar su arma. Se monta sobre su huargo y se lanza contra los elfos y los huargos salvajes. Una de las flechas élficas impacta contra su hombro derecho y lo tira del huargo, pero ninguno de los elfos se da cuenta de ello.
Un huargo se echa sobre Olfim, pero consigue desviarlo con un golpe usando el canto del hacha. No se congratula de ello durante mucho tiempo, y menos cuando ve que el príncipe elfo está eliminando los huargos sin problema, sólo usando su espada larga. Olfim consigue alcanzar a montarse sobre uno de los huargos salvajes cuando se da cuenta que el suyo ha caído y, golpeando con los talones, obliga a su nueva montura a avanzar para alejarse de lo profundo del bosque y llegar al borde exterior. Cuando llega a la linde del bosque, se arranca la flecha del hombro y se pone en camino hacia el campamento orco más cercano. El nuevo huargo se resiste al principio de avanzar y alejarse del bosque, pero el hacha tan cerca de su cabeza le hace cambiar de opinión.
El campamento al que llegan está siendo montado todavía, sólo está en pie la casa del líder y la granja de cerdos. Olfim deja al huargo en una cerca y le da instrucciones al que la vigila para que domestique lo mejor posible su nueva montura. Se acuesta bajo una lona, donde se ponen los trabajadores y se pone a pensar mientras se queda dormido.
-Si el príncipe está explorando en el bosque es que también busca a la princesa, es un buen comienzo, debe de estar cerca y la ha sentido. Mañana volveré a buscar, pero mejor.-
Se duerme con una sonrisa en su barbuda cara, el destino estaba siendo amable con él, sin duda.
jueves, 2 de enero de 2014
Capítulo 3: Un Gremio
El calor de las sábanas
embargaba la energía de Valadhiel, no quería levantarse, ni
siquiera abrir los ojos, había tenido una pesadilla y quería
asegurarse de que no la volvía a tener que sufrir. Poco a poco abre
los ojos y termina abriéndolos de golpe, esa no es su habitación,
ni siquiera parece que sea su casa. Asustada se levanta y sale por la
puerta frente a ella, encontrándose en un amplio jardín rodeado de
estructuras de piedra y madera, una figura se le acerca, sin enseñar
nada de carne, con un vestido negro, con varias cruces de adorno y
una falda larga.
Cuando la figura
levanta la cabeza, se le ve una cara femenina pálida, unos ojos
azules brillantes y una sonrisa tímida. La joven chica pone los
brazos hacia al frente, bien separados y, con una voz celestial,
habla.
-Bienvenida, joven
elfa, a nuestro pequeño hogar. Confío que se haya recuperado de sus
heridas.-
-Eeeeeh... Pues sí,
bastante bien me he recuperado ¿Cómo me habéis llamado?- Su
confusión se hace patente en su rostro.
-Sois una elfa,
obviamente, me he dado cuenta cuando vi vuestra luz interior.- La
chica sonríe. -Sin duda espero que no os ofendiera mi comentario, si
las otras sacerdotisas se enteran de eso me castigarían
severamente.-
-No me ha ofendido,
tranquila.- Mira hacia su alrededor. -¿Dónde decías que estaba?-
La sonrisa de la
sacerdotisa se hace más amplia mientras abre los brazos. -Bienvenida
al Gremio de la Sombra, hogar de los bribones y asesinos de todo el
mundo. Que tu estancia sea placentera.-
-Vaya, gracias ¿Y mis
padres? La pareja que estaba conmigo ¿Dónde están?-
Una sombra de pena
cruza la mirada de la sacerdotisa y aparta la mirada mientras camina
hacia el patio interior. -Será mejor que se vista, vendrá alguien a
recogerte en unos minutos para que veas al líder del gremio.- La
chica avanza con paso rápido para alejarse de Valadhiel.
La joven elfa no ha
terminado de vestirse cuando ya le tocan en la puerta, se termina de
poner el vestido largo blanco y ligero, casi transparente pero abriga
bien. Entra en el cuarto un hombre muy bajito vestido de manera
lujosa y hace una reverencia exagerada mientras su tupida barba roza
el suelo.
-Bienvenida, joven
elfa.- Comenta en hombre con una voz ronca. -Espero que mi presencia
no la incomode, pero soy el encargado de los no-natos.-
-¿Por qué debería
incomodarme?- Pregunta Valadhiel con una cara de estupefacción
mientras mira a su interlocutor.
-Como puede ver, soy un
enano y usted una elfa, nuestras especies no es que se lleven muy
bien últimamente.-
-¿Y por qué es eso?
Seguro que son los elfos del Norte, por no encontrar a su princesa
desaparecida.- Inquirió la joven.
-Sois una elfa rara,
sin duda, pero es agradable hablar con alguien que no mire con
desprecio a otros.- El enano se pone frente a la joven, apenas le
llega a la cintura. -Si es tan amable de seguirme.- Sale de la
habitación, seguido de Valadhiel.
Cruzan el patio donde
varios niños están entrenando con espadas de madera o con armas
arrojadizas. Adentrándose en el edificio, se encuentran en una sala
llena de trofeos de oro, plata y varias joyas en urnas de cristal. Al
final de la sala está sentada una figura cubierta del todo, en lo
que parece un trono. Levanta la cabeza cuando oye al enano acercarse
y se quita la capucha, revelando un hermoso rostro, con una pequeña
barba de poco días y orejas puntiagudas, algo más bajo que un
humano normal, pero mucho más alto que un enano. Se levanta y se
acerca a Valadhiel con una amplia sonrisa.
-Bienvenida, jovencita,
espero que acepte la hospitalidad de éste viejo enanelfo, es decir,
yo.- Sus ojos verdes no muestran signos de mentir mientras su sonrisa
parece sincera. -Antes de que pregunte, le diré que un enanelfo es
exactamente lo que piensa que es, un cruce entre elfo y enano, algo
extraño y, por supuesto, carente de sentido. Ahora mi asistente te
llevará hasta tu primera clase y…-
-Un momento, no quiero
parecer descortés, pero no he llegado a decir que sí a unirme a
éste gremio.- Los ojos rojos de Valadhiel miran fijamente los verdes
del enanelfo. Éste se la queda mirando extrañado antes de exclamar.
-Pensaba que estaba
claro, pensaba que querías entrenamiento para vengar la muerte de tu
familia.-
Esa revelación cayó
pesadamente sobre Valadhiel, que en un segundo recuperó el color
dorado de los ojos mientras se le cubrían de lágrimas. Su familia
muerta, sola sin sus protectores, ya no le quedaba nada. Y, encima,
decían que era una elfa, pero es imposible, sus padres eran humanos,
ella era humana… O no. Cuando se gira y se mira frente a un espejo
ve cómo es realmente, una hermosa elfa y, con muchas más dudas en
mente, se gira hacia el líder del gremio y una determinación
aparece en su rostro. Debía vengar a sus padres y a sus padres
adoptivos, al precio que fuera. Agarró un arco corto que había
sobre una mesa y se encaminó al campo de tiro. Sus ojos se volvieron
rojos una vez más.
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