sábado, 14 de diciembre de 2013

Capítulo 1: Escape



   Valadhiel, tal y como la llamó el leñador, creció feliz, sin conocer su pasado, su cuerpo se había formado bien gracias a que su padre adoptivo le ha enseñado a usar el cuchillo y el hacha en su trabajo. Su cabello plateado caía liso por su espalda y sus ojos dorados embellecían aún más su rostro.
   Valadhiel había salido de caza, seguía la pista de un cervatillo; aunque no comía carne, su familia sí lo hacía, así que, con el arco corto de su padre, salió en busca del sustento de sus padres. El rastro la llevó hasta un claro donde varios ciervos pacían la fresca hierba o bebían del río. Saca una de las flechas del carjac y apunta al más cercano, uno que no es ni viejo ni una cría, si no un adulto formidable. La flecha cruza el claro e impacta en el pecho del animal. Cae redondo sin apenas resistencia, momento que aprovecha Valadhiel para caer sobre él con una vara afilada y se la clava en el cuello para que deje de sufrir.
   Mientras arrastra el cuerpo inerte del ciervo, un olor a quemado le llega a Valadhiel, al principio no se preocupa pero cuando el humo se vuelve más denso, se pone nerviosa. A ver si se estaba incendiando el bosque, que todavía le quedaba mucho camino por delante. Cuando llegó a la cabaña, su madre salió a recibirla con la sonrisa radiante que siempre la caracteriza. El leñador estaba tardando más de lo esperado, pero no preocupó a ninguna de las dos, él muchas veces se entretenía a contemplar el paisaje o a beber del río.
   Las horas pasan y las chicas se preocupan cada vez más. Cuando llega el leñador, viene apurado, casi sin aliento.
   -Cariño, nena, tenemos problemas.- Explica el asustado hombre. -Vienen Orcos desde el sur del bosque, debemos irnos ya.-
   -¿Pero cómo han entrado en el bosque, papá? ¿No se supone que los elfos lo protegen de ellos?-
   -Eso era antes, ahora no lo hacen, desde que decidieron unir las casas reales y la princesa nunca apareció se han vuelto hostiles contra todos los que no sean de su pueblo y dejaron la protección del sur abandonada.-
   -¿Pero ahora qué vamos a hacer, cariño? La única forma de salir sin encontrarnos a los orcos sería por el este, y eso sería entrar en las montañas, y son muy peligrosas.-
   -No tenemos más remedio, será mejor mudarnos lo más rápido que podamos hasta que encontremos una zona limpia y protegida.- El leñador corre hasta la habitación y empieza a meter todo lo que puede en un petate.
   Cuando ya es medianoche, la familia se pone en camino, atravesando las zonas más densas del bosque. Sienten que miles de ojos los vigilan, pero no paran ni un segundo y, en el punto más oscuro, una flecha negra cayó frente a los tres.
   Una horda de orcos, saliendo de unos montones de hojas secas, dispara con ballestas a la familia. La carrera se vuelve frenética, intentan salir lo más rápido posible del alcance del fuego enemigo. Una flecha impacta en parte interna de la rodilla del leñador y, cuando la toca para intentar quitársela, se le deshace en la mano mientras un orco les da alcance. Un hacha, en mano de Valadhiel, hiende el pecho del asqueroso ser, haciendo que las plantas de alrededor se manchen de sangre negra y emitiendo un pésimo olor. El resto de la horda estrechan el círculo con la familia y un aullido lejano hiela la sangre a los tres miembros de la familia. Los orcos están inquietos, no es el aullido de sus huargos, es algo mucho peor. Algunos huargos se huyen con el rabo entre las patas y tiran a sus jinetes. Sólo los orcos más novatos se quedan y siguen atacando a la familia, cuyo padre se está poniendo pálido.
   La joven Valadhiel se levanta y, agarrando con fuerza el hacha de su padre adoptivo, se lanza contra los orcos, entrando en frenesí por la adrenalina y un odio ancestral quema sus venas. Una furia arrolladora le tira a arrancarle la vida a esos seres que antes temía, dejar que su sangre alimente la tierra. Pero no se soluciona bien, el olor de la sangre atrae a aquellas criaturas que emitían esos aullidos y ya no hay escapatoria. Lo último que ve Valadhiel son unos ojos de color dorado antes de caer desmayada.

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