jueves, 2 de enero de 2014

Capítulo 3: Un Gremio

El calor de las sábanas embargaba la energía de Valadhiel, no quería levantarse, ni siquiera abrir los ojos, había tenido una pesadilla y quería asegurarse de que no la volvía a tener que sufrir. Poco a poco abre los ojos y termina abriéndolos de golpe, esa no es su habitación, ni siquiera parece que sea su casa. Asustada se levanta y sale por la puerta frente a ella, encontrándose en un amplio jardín rodeado de estructuras de piedra y madera, una figura se le acerca, sin enseñar nada de carne, con un vestido negro, con varias cruces de adorno y una falda larga.
Cuando la figura levanta la cabeza, se le ve una cara femenina pálida, unos ojos azules brillantes y una sonrisa tímida. La joven chica pone los brazos hacia al frente, bien separados y, con una voz celestial, habla.
-Bienvenida, joven elfa, a nuestro pequeño hogar. Confío que se haya recuperado de sus heridas.-
-Eeeeeh... Pues sí, bastante bien me he recuperado ¿Cómo me habéis llamado?- Su confusión se hace patente en su rostro.
-Sois una elfa, obviamente, me he dado cuenta cuando vi vuestra luz interior.- La chica sonríe. -Sin duda espero que no os ofendiera mi comentario, si las otras sacerdotisas se enteran de eso me castigarían severamente.-
-No me ha ofendido, tranquila.- Mira hacia su alrededor. -¿Dónde decías que estaba?-
La sonrisa de la sacerdotisa se hace más amplia mientras abre los brazos. -Bienvenida al Gremio de la Sombra, hogar de los bribones y asesinos de todo el mundo. Que tu estancia sea placentera.-
-Vaya, gracias ¿Y mis padres? La pareja que estaba conmigo ¿Dónde están?-
Una sombra de pena cruza la mirada de la sacerdotisa y aparta la mirada mientras camina hacia el patio interior. -Será mejor que se vista, vendrá alguien a recogerte en unos minutos para que veas al líder del gremio.- La chica avanza con paso rápido para alejarse de Valadhiel.
La joven elfa no ha terminado de vestirse cuando ya le tocan en la puerta, se termina de poner el vestido largo blanco y ligero, casi transparente pero abriga bien. Entra en el cuarto un hombre muy bajito vestido de manera lujosa y hace una reverencia exagerada mientras su tupida barba roza el suelo.
-Bienvenida, joven elfa.- Comenta en hombre con una voz ronca. -Espero que mi presencia no la incomode, pero soy el encargado de los no-natos.-
-¿Por qué debería incomodarme?- Pregunta Valadhiel con una cara de estupefacción mientras mira a su interlocutor.
-Como puede ver, soy un enano y usted una elfa, nuestras especies no es que se lleven muy bien últimamente.-
-¿Y por qué es eso? Seguro que son los elfos del Norte, por no encontrar a su princesa desaparecida.- Inquirió la joven.
-Sois una elfa rara, sin duda, pero es agradable hablar con alguien que no mire con desprecio a otros.- El enano se pone frente a la joven, apenas le llega a la cintura. -Si es tan amable de seguirme.- Sale de la habitación, seguido de Valadhiel.
Cruzan el patio donde varios niños están entrenando con espadas de madera o con armas arrojadizas. Adentrándose en el edificio, se encuentran en una sala llena de trofeos de oro, plata y varias joyas en urnas de cristal. Al final de la sala está sentada una figura cubierta del todo, en lo que parece un trono. Levanta la cabeza cuando oye al enano acercarse y se quita la capucha, revelando un hermoso rostro, con una pequeña barba de poco días y orejas puntiagudas, algo más bajo que un humano normal, pero mucho más alto que un enano. Se levanta y se acerca a Valadhiel con una amplia sonrisa.
-Bienvenida, jovencita, espero que acepte la hospitalidad de éste viejo enanelfo, es decir, yo.- Sus ojos verdes no muestran signos de mentir mientras su sonrisa parece sincera. -Antes de que pregunte, le diré que un enanelfo es exactamente lo que piensa que es, un cruce entre elfo y enano, algo extraño y, por supuesto, carente de sentido. Ahora mi asistente te llevará hasta tu primera clase y…-
-Un momento, no quiero parecer descortés, pero no he llegado a decir que sí a unirme a éste gremio.- Los ojos rojos de Valadhiel miran fijamente los verdes del enanelfo. Éste se la queda mirando extrañado antes de exclamar.
-Pensaba que estaba claro, pensaba que querías entrenamiento para vengar la muerte de tu familia.-
Esa revelación cayó pesadamente sobre Valadhiel, que en un segundo recuperó el color dorado de los ojos mientras se le cubrían de lágrimas. Su familia muerta, sola sin sus protectores, ya no le quedaba nada. Y, encima, decían que era una elfa, pero es imposible, sus padres eran humanos, ella era humana… O no. Cuando se gira y se mira frente a un espejo ve cómo es realmente, una hermosa elfa y, con muchas más dudas en mente, se gira hacia el líder del gremio y una determinación aparece en su rostro. Debía vengar a sus padres y a sus padres adoptivos, al precio que fuera. Agarró un arco corto que había sobre una mesa y se encaminó al campo de tiro. Sus ojos se volvieron rojos una vez más.

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