El calor de las sábanas
embargaba la energía de Valadhiel, no quería levantarse, ni
siquiera abrir los ojos, había tenido una pesadilla y quería
asegurarse de que no la volvía a tener que sufrir. Poco a poco abre
los ojos y termina abriéndolos de golpe, esa no es su habitación,
ni siquiera parece que sea su casa. Asustada se levanta y sale por la
puerta frente a ella, encontrándose en un amplio jardín rodeado de
estructuras de piedra y madera, una figura se le acerca, sin enseñar
nada de carne, con un vestido negro, con varias cruces de adorno y
una falda larga.
Cuando la figura
levanta la cabeza, se le ve una cara femenina pálida, unos ojos
azules brillantes y una sonrisa tímida. La joven chica pone los
brazos hacia al frente, bien separados y, con una voz celestial,
habla.
-Bienvenida, joven
elfa, a nuestro pequeño hogar. Confío que se haya recuperado de sus
heridas.-
-Eeeeeh... Pues sí,
bastante bien me he recuperado ¿Cómo me habéis llamado?- Su
confusión se hace patente en su rostro.
-Sois una elfa,
obviamente, me he dado cuenta cuando vi vuestra luz interior.- La
chica sonríe. -Sin duda espero que no os ofendiera mi comentario, si
las otras sacerdotisas se enteran de eso me castigarían
severamente.-
-No me ha ofendido,
tranquila.- Mira hacia su alrededor. -¿Dónde decías que estaba?-
La sonrisa de la
sacerdotisa se hace más amplia mientras abre los brazos. -Bienvenida
al Gremio de la Sombra, hogar de los bribones y asesinos de todo el
mundo. Que tu estancia sea placentera.-
-Vaya, gracias ¿Y mis
padres? La pareja que estaba conmigo ¿Dónde están?-
Una sombra de pena
cruza la mirada de la sacerdotisa y aparta la mirada mientras camina
hacia el patio interior. -Será mejor que se vista, vendrá alguien a
recogerte en unos minutos para que veas al líder del gremio.- La
chica avanza con paso rápido para alejarse de Valadhiel.
La joven elfa no ha
terminado de vestirse cuando ya le tocan en la puerta, se termina de
poner el vestido largo blanco y ligero, casi transparente pero abriga
bien. Entra en el cuarto un hombre muy bajito vestido de manera
lujosa y hace una reverencia exagerada mientras su tupida barba roza
el suelo.
-Bienvenida, joven
elfa.- Comenta en hombre con una voz ronca. -Espero que mi presencia
no la incomode, pero soy el encargado de los no-natos.-
-¿Por qué debería
incomodarme?- Pregunta Valadhiel con una cara de estupefacción
mientras mira a su interlocutor.
-Como puede ver, soy un
enano y usted una elfa, nuestras especies no es que se lleven muy
bien últimamente.-
-¿Y por qué es eso?
Seguro que son los elfos del Norte, por no encontrar a su princesa
desaparecida.- Inquirió la joven.
-Sois una elfa rara,
sin duda, pero es agradable hablar con alguien que no mire con
desprecio a otros.- El enano se pone frente a la joven, apenas le
llega a la cintura. -Si es tan amable de seguirme.- Sale de la
habitación, seguido de Valadhiel.
Cruzan el patio donde
varios niños están entrenando con espadas de madera o con armas
arrojadizas. Adentrándose en el edificio, se encuentran en una sala
llena de trofeos de oro, plata y varias joyas en urnas de cristal. Al
final de la sala está sentada una figura cubierta del todo, en lo
que parece un trono. Levanta la cabeza cuando oye al enano acercarse
y se quita la capucha, revelando un hermoso rostro, con una pequeña
barba de poco días y orejas puntiagudas, algo más bajo que un
humano normal, pero mucho más alto que un enano. Se levanta y se
acerca a Valadhiel con una amplia sonrisa.
-Bienvenida, jovencita,
espero que acepte la hospitalidad de éste viejo enanelfo, es decir,
yo.- Sus ojos verdes no muestran signos de mentir mientras su sonrisa
parece sincera. -Antes de que pregunte, le diré que un enanelfo es
exactamente lo que piensa que es, un cruce entre elfo y enano, algo
extraño y, por supuesto, carente de sentido. Ahora mi asistente te
llevará hasta tu primera clase y…-
-Un momento, no quiero
parecer descortés, pero no he llegado a decir que sí a unirme a
éste gremio.- Los ojos rojos de Valadhiel miran fijamente los verdes
del enanelfo. Éste se la queda mirando extrañado antes de exclamar.
-Pensaba que estaba
claro, pensaba que querías entrenamiento para vengar la muerte de tu
familia.-
Esa revelación cayó
pesadamente sobre Valadhiel, que en un segundo recuperó el color
dorado de los ojos mientras se le cubrían de lágrimas. Su familia
muerta, sola sin sus protectores, ya no le quedaba nada. Y, encima,
decían que era una elfa, pero es imposible, sus padres eran humanos,
ella era humana… O no. Cuando se gira y se mira frente a un espejo
ve cómo es realmente, una hermosa elfa y, con muchas más dudas en
mente, se gira hacia el líder del gremio y una determinación
aparece en su rostro. Debía vengar a sus padres y a sus padres
adoptivos, al precio que fuera. Agarró un arco corto que había
sobre una mesa y se encaminó al campo de tiro. Sus ojos se volvieron
rojos una vez más.
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