Olfim está agotado, hace horas que amaneció, lleva toda la noche en vela buscando un rastro reciente de la princesa elfa, en vano. Por suerte, ha conseguido capturar un venado joven y puede comer tranquilamente. Se dedica a devorarlo mientras su huargo zarandea a un trasgo que le intentó robar. Cuando va por la mitad, de lo más profundo del bosque aparece un huargo, no como el suyo, si no mucho más grande, casi del tamaño de un oso adulto, de un color ceniza muy apagado, que se acerca con pinta de tener la rabia y hambre.
Olfim agarra lentamente su hacha mientras a su huargo se le erizan los pelos de la espalda, dispuesto a lanzarse contra la mole. El huargo salvaje mira alternativamente del orco al otro huargo y luego al cadáver del venado, varias veces. De un rápido movimiento se lanza sobre Olfim para quitarle la presa, pero el otro huargo le intercepta y el orco le golpea con el hacha, hundiéndosela en el pecho. Aullando de dolor, el huargo gris se aleja pocos pasos de ellos antes de volver a cargar, ésta vez con una salvaje determinación en sus ojos llameantes.
El huargo salvaje termina muerto en el suelo después de varias horas batallando, por suerte sólo mordió al trasgo, que grita de dolor mientras se agarra su pequeño brazo. El pequeño huargo del orco se tumba a la sombra de un roble mientras se come lo que queda de ciervo. El trasgo, con lágrimas en los ojos, intenta irse arrastrándose para hacer el menor ruido posible, pero Olfim le lanza una piedra que, al impactar en su cabeza, lo deja tumbado en el suelo.
Las aves se alejan del bosque, el invierno se aproxima a pasos agigantados y consume la energía de todos a su alrededor. Algún animalillo despistado se acerca al arroyo donde está Olfim, pero apenas hay movimiento en el bosque. Al atardecer algo cambia en la tierra; Olfim, al tener sangre de enano, nota los cambios en el terreno mejor que cualquier otro orco, y lo que siente no le gusta nada. Consigue esconderse junto con su huargo en una pequeña caverna justo cuando llega un troll de las cavernas, ya habiendo anochecido. El troll se acerca al trasgo inconsciente y lo recoge del suelo, atándolo a un tronco casi arrancado. Olfim echa mano a su hacha por si el troll lo descubre, pero por lo pronto no parece que le preste atención, se está dedicando a comerse al trasgo.
El troll se aleja poco antes de amanecer, Olfim apenas ha pegado ojo en toda la noche, por lo que aprovecha para descansar un rato. Su huargo lleva un rato durmiendo, por lo que él cierra un poco los ojos. La mañana pasa rápidamente y, a mediodía, Olfim se despierta por fin. Su huargo hacía mucho ruido y ahora ve por qué. Está amarrado con cadenas al suelo mientras una espada larga está con el filo en su cuello. Olfim gira la cabeza y ve otra apuntándole a él a la altura del corazón, en la mano de un elfo rubio con heterocromía ocular, un ojo azul y el otro verde. Su porte indica que es de la realeza y su capa, de aspecto pesado, indica que es del norte.
-Vaya, vaya.- Dice el elfo con burla. -¿Qué tenemos aquí? Un orco mezclado con enano, menudo desperdicio.- Escupe al suelo. -Qué asco dais, que incluso os reproducís con bichos peludos.-
-¿Al delicado afeminado le doy asco? No me toques, no vayas a ensuciarte las uñas, o a romperte una.- Riéndose a carcajadas ve como unas siluetas se acercan al grupo. -Ni siquiera puedes proteger a tu grupo y los llevas a la muerte.- Seriamente le mira a los ojos, desafiante.
Un gruñido suena entre los árboles, cuando el príncipe elfo y su grupo se dan la vuelta, aparece una manada de huargos, todos con pinta de ser salvajes y de tener hambre. Pillan a los elfos desprevenidos, saltan sobre ellos y los atacan, dándole tiempo a Olfim tiempo para liberar a su huargo y alcanzar su arma. Se monta sobre su huargo y se lanza contra los elfos y los huargos salvajes. Una de las flechas élficas impacta contra su hombro derecho y lo tira del huargo, pero ninguno de los elfos se da cuenta de ello.
Un huargo se echa sobre Olfim, pero consigue desviarlo con un golpe usando el canto del hacha. No se congratula de ello durante mucho tiempo, y menos cuando ve que el príncipe elfo está eliminando los huargos sin problema, sólo usando su espada larga. Olfim consigue alcanzar a montarse sobre uno de los huargos salvajes cuando se da cuenta que el suyo ha caído y, golpeando con los talones, obliga a su nueva montura a avanzar para alejarse de lo profundo del bosque y llegar al borde exterior. Cuando llega a la linde del bosque, se arranca la flecha del hombro y se pone en camino hacia el campamento orco más cercano. El nuevo huargo se resiste al principio de avanzar y alejarse del bosque, pero el hacha tan cerca de su cabeza le hace cambiar de opinión.
El campamento al que llegan está siendo montado todavía, sólo está en pie la casa del líder y la granja de cerdos. Olfim deja al huargo en una cerca y le da instrucciones al que la vigila para que domestique lo mejor posible su nueva montura. Se acuesta bajo una lona, donde se ponen los trabajadores y se pone a pensar mientras se queda dormido.
-Si el príncipe está explorando en el bosque es que también busca a la princesa, es un buen comienzo, debe de estar cerca y la ha sentido. Mañana volveré a buscar, pero mejor.-
Se duerme con una sonrisa en su barbuda cara, el destino estaba siendo amable con él, sin duda.
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