domingo, 27 de abril de 2014

Capítulo 5: No estás preparada



   Han pasado varios días desde que Valadhiel entró en el Gremio de las Sombras, su técnica con el arco y las armas de filo han mejorado considerablemente y ha dejado atrás a alumnos que llevan años practicando. Hace poco que la han mandado a Anuer’eden a buscar suministros para el gremio junto a dos sacerdotisas y unos cuantos portadores.
   La ciudad portuaria de Anuer’eden está muy al sur y un poco al oeste del bosque Mladir, a orillas de un gran lago, cuyo río central da directamente al mar. La ciudad es muy conocida por sus adelantos en medicinas y por su pescado, siempre fresco y saludable. Enanos y Gnomos dominan el comercio y los guardias humanos vigilan que nadie provoque disturbios.
   Mientras Valadhiel camina viendo las maravillas de la ciudad, oye una conversación sobre orcos y un príncipe elfo, pero apenas le presta atención. Su grupo llega al mercado, que está empezando a abrir sus puestos de venta, pero se detienen cuando ven que una muchedumbre no les deja pasar. Un grupo está pasando por la calle principal del mercado, cuando Valadhiel se asoma ve que son elfos, muchos de ellos malheridos; el único que no tiene rasguño alguno es un elfo rubio con los ojos de diferente color.
   -Es atractivo, muy atractivo.- Piensa Valadhiel, pero cuando mira hacia el público, lo ve receloso, casi temeroso, de los recién llegados. -¿Por qué temerán a éstos elfos? No parecen diferentes a los otros.- Una mano se le posa en el hombro y, cuando mira quién es, se encuentra a una de las sacerdotisas que la acompañaba.
   -No son como los otros elfos, si es lo que piensas.- Susurra apurada la chica. -Son elfos Norteños, son antropófagos y muy violentos cuando se enfadan.- Se tapa la boca con miedo por si la han escuchado antes de perderse entre la multitud.
   Una humana anciana mira a Valadhiel y le sonríe, le indica con la mano que la siga. Llegan a una casa antigua, cuyas cortinas están agujereadas, seguramente por polillas y el paso del tiempo. La anciana se para en la puerta, se da la vuelta para mirar a Valadhiel y sonríe antes de hablar.
   -Si no me equivoco eres del Gremio de la Sombra, pero ¿Qué clase de elfa sois, bella dama? No parecéis Norteña, pero nunca se sabe. Vuestros ojos y vuestra constitución me dicen que sois del Este, pero vuestra piel oscurecida y el pelo plateado me dice que sois Sureña.-
   -Veo que conocéis bien los tipos de elfos ¿Me podéis decir todo lo que sepa de ellos?- Mira fijamente a la anciana.
   La humana la mira un momento, que parece eterno, antes de exclamar.
   -Si no sabéis nada de los elfos siendo vos uno de ellos, entonces no estáis preparada para lo que se os viene encima.- La anciana le da la espalda y se mete en la casa. -Si queréis saber más, preguntadle a vuestro líder, y decidle lo siguiente: “La realeza debe despertar para decidir el destino, antes de que el mal corrompa a los puros y acabe con los protectores”.- La anciana cierra la puerta.
   Valadhiel se queda mirando la puerta con cara de pena, no ha podido sacar nada en claro de la situación, y no le encuentra sentido que esa anciana le hablase de esa forma. Decide volver al mercado, pero por el camino se cruza con que alguien la empuja y la tira al suelo. Cuando mira a su atacante se encuentra un humano que la mira con odio empuñando una ballesta y apuntándola. Los ojos de Valadhiel se vuelven rojos cuando esquiva el virote y se lanza sobre su atacante, desarmándolo y aturdiéndolo de un golpe certero en la nuca. Observa un papel que sale de uno de los pliegues de la ropa, una orden de asesinato contra cualquier elfo solitario en la ciudad, con el sello real.
   Valadhiel decide largarse de la zona antes de que le echen la culpa de algo, pero se encuentra con que el príncipe elfo la mira curioso y con orgullo. Se baja de su caballo y le coje la mano para besársela.
   -Veo que has conseguido sobrevivir a la basura humanoide. ¿Qué te parece si te unes a mi séquito? Siempre vienen bien sirvientas puras.-
   Valadhiel le mira con estupefacción, sin creerse lo que le dice el noble elfo. -Eh, no, gracias. Le debo mucho al gremio por el momento, no me parece bien irme sin más, por muy generosa que fuera su oferta.- Se inclina.
   -Es una pena, seríais bien recibida en mi palacio. Pensadlo durante un tiempo, pero no me hagais esperar mucho, dulce dama.- El joven y pálido elfo se aleja sonriendo, dejando a Valadhiel con cara de asco.
   La joven elfa consigue alejarse de la zona y se reune de nuevo con su grupo, los cuales apenas han hecho nada del encargo, se pasaron la mañana en la taberna jugando y bebiendo. Es mediodía cuando Valadhiel sale del mercado con la última bolsa de la compra, no sin haberlo pasado mal discutiendo los precios elevados sólo por no ser humana.
   Ya en la base, la menor de las sacerdotisas ha vuelto para avisar de que los nobles de las ciudades colindantes dan una cena de gala y el gremio es parte del grupo de protección.
   Valadhiel se presenta ante el líder y le cuenta todo lo que el príncipe elfo y la anciana humana le dijeron. Éste se llevó una mano a la frente y parecía que había envejecido varios años de golpe. Mira hacia Valadhiel y la manda a su habitación. Todo iba demasiado rápido y parecía que iba a empeorar.

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